Se salvó de un tumor cerebral y creó un innovador dispositivo para salvar vidas

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Avi Yaron tenía 26 años cuando le diagnosticaron un tumor cerebral. Lo encontraron de casualidad, tras realizarle estudios luego de un accidente en su motocicleta. Sus médicos le dijeron que debía operarse de inmediato porque podía ser cancerígeno. Era un procedimiento complejo debido a la ubicación del tumor, por lo que decidió no realizarlo.

Comenzó entonces a estudiar medicina de manera autodidacta en la biblioteca de su universidad. Se formó en anatomía, biología y química para entender mejor su enfermedad y tuvo encuentros con médicos en Israel, Europa y Estados Unidos. Eventualmente encontró un cirujano en Nueva York que consiguió remover parte de su tumor y darse cuenta de que era benigno.

Sin embargo, debido a la naturaleza del tumor y del procedimiento, el médico le comunicó que debería someterse a múltiples operaciones en el futuro. Ante esto, y combinado con su espíritu emprendedor, Yaron decidió que intentaría desarrollar un procedimiento que permita visualizar tumores de manera más clara y menos invasiva.

Con 51 años y tras someterse a 4 operaciones, Avi no sólo consiguió desarrollar el dispositivo sino que la compañía que fundó, Visionsense, se vendió por 75 millones de dólares. “El producto que desarrollé llegó demasiado tarde para mí. Si alguien lo hubiera creado cuando yo lo necesitaba, me habría ahorrado varias operaciones riesgosas. Hoy, sin embargo, hay muchísima gente beneficiándose de mi invento”, explica.

Con tecnología avanzada y un software propio, Visionsense ofrece imágenes muy precisas, en 3D y alta definición. Con las capacidades que provee su producto, la compañía logró que cirujanos cuenten con un mayor entendimiento del tejido y mejor coordinación entre el ojo y la mano. “Los mamíferos necesitan dos ojos para percibir la profundidad en perspectiva, mientras que los insectos necesitan sólo uno, dado que está formado por una matriz de cientos de ojos, cada uno mirando en otra dirección”, ilustra Yaron. “Lo que yo hice fue crear un ojo, usando un pequeño chip de silicona y un software que combina la visión de un insecto con la de un humano, permitiendo a cirujanos tener una mejor idea cuando operan incluso a través de un orificio muy pequeño”, agrega.

“Cuando los emprendedores encontramos un problema sin resolver, estudiamos el tema en busca de una solución”, menciona Avi, un claro ejemplo de que la necesidad es la madre de la inventiva.

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