Estudio revela que acariciar a un robot peludo llena el vacío creado por las restricciones de la pandemia

En la Universidad de Ben Gurión un nuevo estudio indica que la interacción con un robot peludo alivia la sensación de dolor e incrementa la de bienestar, algo particularmente relevante cuando la pandemia promueve el aislamiento y prohíbe tocar.

“Es interesante que los participantes de nuestro experimento expresaron alegría de haber participado, si bien les provocamos dolor”, dice la profesora Shelly Levy- Tzedek, directora del laboratorio de Cognición, Envejecimiento y Rehabilitación de la Universidad de Ben Guiron en el Neguev, en donde la doctora Nirit Geva sometía a los voluntarios a altas temperaturas en la piel para probar que, mientras acariciaban al robot, el dolor se experimentaba de manera menos intensa.

El estudio recién publicado representa “un paso más en la dirección de aliviar el dolor de forma robotizada”, según Levy-Tzedek. Estos robots interactivos fueron pensados en principio para acompañar a ancianos en hogares y hospitales, pero que en estos meses de pandemia se ha demostrado que pueden hacer mucho más.

Se sabe que el tacto humano tiene el potencial de hacer sentir menos dolor, pero es la primera vez que se lleva a cabo una investigación controlada con un robot interactivo y voluntarios sanos.

“Nuestra investigación sugiere que los robots sociales pueden aliviar la soledad y otros sentimientos negativos que se producen por la falta de interacción y tacto humanos”, señala la directora del laboratorio.

Casi 100 voluntarios se sometieron a diferentes grados de calor en el brazo junto al Paro, un robot social de fabricación japonesa que tiene el aspecto de una foca peluda, hace sonidos como el animal, mueve la cabeza y las aletas, y abre y cierra los ojos como respuesta al tacto o a la voz.

Levy-Tzedek, una ingeniera biomédica, indicó que los participantes del estudio señalaron experimentar menos dolor al contacto con Paro -a diferencia de cuando el robot no se encontraba presente o sí se encontraba cerca pero no se interactuaba
con él-, además de menores niveles de oxitocina en la saliva.

“La oxitocina se conoce como la ‘hormona del amor’, pero cuando es producida fuera de una interacción interpersonal amorosa, puede reflejar el grado de estrés de la persona, y en este caso, pensamos que le contacto con Paro reduce los niveles de estrés”, explicó Levy-Tzedek.

Lo prometedor de este estudio, según su autora, es que se abren nuevas posibilidades terapéuticas respecto al trato del dolor en adultos y que es muy significativo que la interación con Paro hiciera aumentar la percepción de felicidad en adultos saludables.