Dos jornadas electorales en Egipto tras una campaña tensa, con Al Sisi como favorito

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Egipto vive dos jornadas electorales, el lunes y martes, para la elección del nuevo presidente, cargo que con toda seguridad será para el “mariscal” Abdel Fatah al Sisi.

Cerca de 54 millones de egipcios con derecho a votar, más de 25.000 colegios electorales abiertos durante dos días, casi 20.000 supervisores entre civiles y jueces, 182.000 soldados desplegados más 50.000 policías velando por la seguridad. Dos candidatos: Abdel Fatah Al Sisi y Hamdin Sabahi. Y al final el objetivo: la presidencia.

Todos los sondeos dan como absoluto ganador al exjefe del ejército, Abdel Fatah al Sisi, quien derrocó y encarceló al anterior presidente, el islamista Mohamed Mursi.

Por otro lado su único rival Hamdien Sabahi, es un político de izquierda que en las últimas elecciones acabó tercero. Sabahi tiene muy pocas posibilidades de ganar estas elecciones, en gran parte por el apoyo que recibe al Sisi incluso de la prensa local, la cual lo califica como “salvador de la nación”.

Estos comicios contrastan con las elecciones presidenciales de 2012, que fueron las primeras después de la caída de Hosni Mubarak a causa de un levantamiento popular un año antes.

En aquellas elecciones hubo 13 candidatos y un animado debate acerca de cómo concretar los ideales de la revolución. Morsi, una figura señera de la poderosa Hermandad Musulmana, ganó en parte porque aún muchos de quienes desconfiaban de los islamistas lo prefirieron a él en vez de su principal adversario, el último primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq.

Esta vez la Hermandad está marginada, aplastada por una represión implacable que ha matado a cientos de partidarios de Morsi y ha arrestado a miles desde su derrocamiento.

El Sisi se ha beneficiado por un surgimiento del nacionalismo alimentado por la prensa que lo califica como salvador de la nación. Lo que desea la mayoría del electorado es estabilidad y el fin de años de agitación, pese a las críticas de que el candidato favorito será implacable con la disidencia.

Desde que Mursi cayó y el partido de los Hermanos Musulmanes fue proscrito, la radicalización de los fundamentalistas islámicos ha ido creciendo. Bombas caseras han matado o herido a numerosos militares y policías, y en febrero lanzaron un ataque contra un autobús con turistas coreanos en la península del Sinaí. Murieron tres orientales.

Además de la seguridad, en esta campaña también se ha hablado de economía. Abordaron problemas como la grave crisis económica, la salud y la educación. Según el Fondo Monetario Internacional, en 2013 el PBI de Egipto creció 2,1%, la inflación fue del 6,9% y el desempleo del 13%. La pobreza, en tanto, alcanza al 26,3% de la población del paí­s de más de 80 millones de habitantes.