Antisemitisimo: la lacra que no cesa

Antisemitisimo: la lacra que no cesa
El 27 de enero se conmemora el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, una fecha que no solo rinde homenaje a los 6 millones de judíos que perdieron la vida durante el genocidio nazi, sino que persigue concienciar al mundo entero de la necesidad de luchar contra el antisemitismo, el racismo y cualquier manifestación de intolerancia.
LEAH SOIBEL
CEO de Fuente Latina

“Se trata de un acto de terrorismo; es necesario denunciar el antisemitismo y el aumento del extremismo en Estados Unidos” , afirmó con contundencia el presidente Joe Biden tras finalizar el secuestro con rehenes que se produjo el pasado 15 de enero en la Congregación Beth Israel de Colleyville (Texas) y que acabó con la muerte del asaltante, el británico Malik Faisal Akram.

Aunque no hubo que lamentar víctimas entre los que habían acudido a celebrar el Sabbat, durante las 10 horas que duró el secuestro volvieron a nuestra memoria recientes actos terroristas que acabaron en tragedia. Especialmente, la masacre que tuvo lugar en 2018 en la sinagoga El árbol de la vida de Pittsburgh (Pennsylvania), en la que 11 personas fueron abatidas a tiros por un hombre que, en el reguero de odio que dejó en las redes sociales, afirmaba querer acabar con todos los judíos.

El 27 de enero se conmemora el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, una fecha que no solo rinde homenaje a los 6 millones de personas que perdieron la vida durante el genocidio, sino que persigue concienciar al mundo entero de la necesidad de luchar contra el antisemitismo, el racismo y cualquier manifestación de intolerancia.

Un mensaje que choca frontalmente con el alarmante y preocupante incremento de este tipo de delitos que se ha producido en los últimos años en Estados Unidos. Porque a pesar de haberse intensificado la protección policial, las últimas estadísticas elaboradas por el FBI confirman que los judíos son, año tras año, el grupo religioso más castigado por crímenes de odio.

Concretamente, sufrieron más de la mitad de los delitos relacionados con las creencias religiosas.

Otro informe de 2017 auspiciado por el Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la Universidad Estatal de California señaló que el 19% de esta clase de infracciones registradas a lo largo del año tenían como objetivo miembros de la comunidad judía Además, la estrategia para combatirlas se ha complicado porque, como revelan otras encuestas, los judíos estadounidenses no solo perciben el principal origen de la amenaza en los supremacistas blancos, como ocurría hasta ahora, sino que un 71%, un 10% más que en la investigación anterior, cree que también proviene de la extrema izquierda.

Especialmente, desde el estallido de violencia entre Israel y Hamás que se produjo en la primavera de 2021 y provocó un repunte de las denuncias por delitos de odio en forma de agresiones físicas o verbales.

De hecho, según datos de la Liga Antidifamación ( Anti-Defamation League, ADL), entre el 11 y el 31 de mayo se contabilizaron en Estados Unidos 251 incidentes contra judíos frente a los 117 que ocurrieron en las mismas fechas en 2020, lo que supone un incremento del 115%.

También en Europa todos los estudios dibujan un panorama similar, con crecientes ataques a miembros, instituciones y símbolos de la comunidad judía, sobre todo en países como Francia y Alemania. Desde intentos de homicidio hasta la sistemática profanación de cementerios. Una situación que llevó recientemente a la Comisión Europea a instar a los estados miembros a permanecer vigilantes ante el aumento del antisemitismo y a emprender acciones contra la incitación al odio en internet.

Porque en un planeta virtual que no conoce fronteras, las redes sociales se han convertido en un espacio en el que prolifera la violencia sin control. Como demuestra el último análisis del Centro para Contrarrestar el Odio Digital (Center to Counter Digital Hate, CCDH), Facebook, Twitter, Instagram, Youtube y TikTok no tomaron ninguna medida para eliminar el 84% de las publicaciones antisemitas, incluso cuando fueron señaladas a través de las herramientas existentes para detectar contenidos perniciosos.

Ante esta realidad, urge una reflexión profunda y acciones que van más allá de las buenas palabras. Entre otros motivos, porque una democracia tan consolidada como la de Estados Unidos no debe permitir que 6 millones de judíos, una minoría que supone el 2% de su población, sean potenciales objetivos de ataques que denigren su identidad o pongan en peligro su vida. Y porque el antisemitismo, más allá de atentar contra los judíos, supone un ataque frontal a los principios de tolerancia e igualdad que conforman la columna vertebral del sistema democrático.

 

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