Yerushaláyim: la ciudad donde estará la embajada guatemalteca en Israel

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Modernidad y antigüedad se dan la mano en Jerusalén, la capital israelí, cuyas piedras evocan más de tres mil años de reinos, batallas,  reconstrucciones, salmos, entradas triunfales y peregrinos de todas las lenguas.

Por Gustavo Montenegro (Israel)

Un moderno tranvía  cruza Jerusalén desde el 2011 y en él viajan indistintamente, en total armonía, pasajeros israelíes, árabes y turistas. Hace una parada frente a la Puerta de Damasco, uno de los accesos a la ciudad  amurallada, cuya antigüedad se remonta a más de tres mil años, destruida y erigida de nuevo al menos en 13 ocasiones y que contiene tres sendos sitios sagrados para cristianos, judíos y musulmanes.

En el año 1004 antes de Cristo, el rey David conquistó el lugar y estableció allí la capital de Israel. Excavaciones arqueológicas  han develado vestigios de esa época, que están afuera  del actual muro, que data del siglo XV.  Aquí han sucedido  conquistas, ocupaciones y también períodos de tranquilidad en los cuales se comprende mejor su nombre en hebreo: Yerushaláyim, que significa Casa de Paz.

Por siete de sus ocho puertas —Damasco, la Nueva, Jaffa, Dung, de los Leones, de David y de Herodes o de las Flores—  pobladores y visitantes van y vienen en busca del Santo Sepulcro, los cristianos; del muro de los Lamentos, los judíos; y de la mezquita Dorada, los musulmanes. La octava  puerta, llamada  la Dorada o Hermosa está sellada desde 1541, pues de esa forma el sultán Solimán quiso evitar la entrada del Mesías judío.

Las disputas históricas y religiosas han puesto a Jerusalén en permanente polémica, pues Israel la proclama  capital del Estado creado en 1948 y a donde se trasladará la Embajada de Guatemala este 16 de mayo, a un complejo ubicado al sur del casco viejo. El lado oriental   es predominantemente árabe, pero se trata de ciudadanos israelíes con plenos derechos y obligaciones.

 Periódicas rebeliones de grupos extremistas  han originado atentados y ataques.  En junio del 2017, una agente de la Policía israelí fue asesinada a cuchilladas cerca de la puerta de Damasco; pero el 1 de mayo del 2018, al visitar el lugar, había  cantos de aves,  voces de vendedores y turistas tomando fotografías, todo bajo la discreta vigilancia de varios  soldados.

Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén, dice el canto; ciertamente,  los callejones están repletos  de diálogos. Mototaxis pasan  cargados de aceitunas, naranjas y especies. Los rezos de Viacrucis en todos los idiomas avanzan sobre las  piedras pulidas por los siglos.

La tumba de Cristo, que en efecto está vacía,   es abarrotada por miles de fieles a diario. Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos. Fue crucificado, muerto y sepultado. Al tercer día resucitó de entre los muertos.  Eso sucedió justo aquí.

Monjes ortodoxos  empiezan sus plegarias a las 5 horas; después, la misa de los monjes franciscanos. Lágrimas, fotografías, velas. Desde la cúpula, el Pantocrator,   retrato bizantino de Cristo, observa a la humanidad. Rayo de luz, rumor de devoción, olor a mirra.

Siempre en construcción

Los niños salen de la escuela, los jóvenes se sientan a tocar un piano instalado en la plaza municipal, los restaurantes al aire libre lucen bulliciosos en las noches de verano.

Un millón de  personas viven en esta capital, de ellas unas 40 mil dentro de la muralla, que empezó a extenderse fuera de la misma a finales del siglo 19.

Modernas autopistas conducen hacia ciudades vecinas; hay intensa actividad comercial y de infraestructura. En  la zona llamada  Puerta de Jerusalén hay uno de múltiples desarrollos inmobiliarios, cuyos constructores, con todo y las vanguardias arquitectónicas, usan como materia prima  recurrente y simbólica aquella misma roca blanca  de los legendarios muros.

Cuna del cristianismo

La tradición coloca en este punto el lugar donde Cristo fue crucificado y sepultado, para luego resucitar.

El templo tiene construcciones de diversas épocas, que comienzan con el hallazgo de la Santa Cruz por Santa Helena, madre del emperador Constantino, en el siglo VI.

A pesar de la multitud, es posible encontrar un remanso de misticismo para orar en este santuario, bajo el cuidado de monjes ortodoxos y   frailes  franciscanos.

 

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