Una mutación genética que alarga la vida 10 años

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La esperanza de vida promedio de los hombres en los países desarrollados ronda los 80 años, un poco más entre las mujeres. Ahora, un grupo de investigadores israelíes ha descubierto una mutación genética que incide en la longevidad, incrementando la esperanza de vida de los hombres en un promedio de 10 años más.

Los investigadores afirman haber identificado, por primera vez, una variación genética que modifica la función de la hormona del crecimiento y estimula la longevidad, aunque esta investigación de momento se circunscribe en exclusiva a hombres, y no a mujeres.

Para su estudio, contaron con una muestra inicial de 102 varones estadounidenses judíos con 100 años de edad. Después, compararon los resultados obtenidos con otros tres grupos poblacionales distintos de otras partes del mundo y etnias, también con 100 años de edad. En todos los grupos analizados se encontró que la supresión del exón 3 (una parte de un gen) del gen receptor de la hormona del crecimiento era significativamente más común entre los hombres (y no entre las mujeres) a los 100 años, en comparación con el grupo de control, que contaba con 70 años de edad. De media, las personas nacidas con esta variación vivieron 10 años más que los que no la presentaban.

Según el profesor Gil Atzmon, de la Universidad de Haifa, quien dirigió el estudio, esta variación no es la única razón de la longevidad, ya que muchos de los participantes en el estudio sobrevivieron más allá de los 100 años sin esta mutación. Sin embargo, la presencia de la variante aseguró la longevidad con bastante certeza. “Ya sabíamos que los caminos genéticos relacionados con la hormona del crecimiento están asociados con la longevidad. Ahora, hemos encontrado una variante específica cuya presencia o ausencia está directamente relacionada con la expectativa de vida”.

Atzmon y sus colegas en La Universidad Albert Einstein de Medicina de Nueva York ya habían descubierto con anterioridad que la disfunción en los caminos biológicos asociados con la hormona del crecimiento y con el factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1) contribuye a la longevidad. Hasta ahora, sin embargo, estas conexiones sólo habían sido probadas en el laboratorio, y se habían identificado muy pocos mecanismos responsables de este proceso en el cuerpo humano.

El análisis de la influencia de esta mutación demuestra que tiene un impacto inusual. En la naturaleza, las variedades o razas más pequeñas de la misma especie suelen vivir más tiempo. Por ejemplo, los ponis viven más tiempo que los caballos, las razas más pequeñas de perros alcanzan más años que los más grandes, y el mismo fenómeno sucede entre roedores e insectos.

En este caso, la variación en el receptor permitió que las células absorbieran menos hormona del crecimiento; Sin embargo, cuando la hormona absorbió la proteína, su impacto fue varias veces mayor. El resultado es que las personas nacidas con la mutación y que vivieron 10 años más de media que las demás, también medían aproximadamente tres centímetros más que las que no contaban con el receptor.

“Este estudio consigue trazar adecuadamente la relación entre la función de la hormona del crecimiento y la longevidad”, explica Atzmon. “Nuestra meta ahora es entender realmente el mecanismo de la mutación que hemos descubierto, tal vez para que podamos implementarlo y conseguir así vivir más años al tiempo que se mantiene la calidad de vida”, concluye. El estudio ha sido publicado recientemente en la revista científica Science Advances, del grupo Science.

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